fbpx

Defensora de la tierra y sus derechos, Aída Ponce de Selma es una de esas mujeres extraordinarias cuya historia siempre merece ser contada. Nacida en Mendoza, Argentina, activista y ecologista consolidada, su generosidad y compasión por la madre tierra la han llevado a plantar miles de árboles y de semillas en la provincia del Tucumán, creando lo que algunos han llamado el jardín de María, un trabajo de forestación de la ruta 38 que une Río Seco con Arcadia.

“Unos buscan un lugar en el mundo, otros lo crean”, es por esta razón que Aída, que se define a sí misma como un ama de casa sencilla y amante de la belleza, busca transformar el mundo creando auténticos vergeles a su alrededor. Ha plantado árboles en todas las provincias de Argentina, con una vocación y un cuidado artesano y limpio, sin intereses que vayan más allá de una cultura de amor y de respeto hacia ella misma y hacia el mundo que la rodea, con recursos propios y en compañía de su marido y de sus seis hijos.

En los pueblos de los alrededores la llaman la tucumana del millón de semillas, y es que Aída no solo planta árboles, también regala semillas por doquier, montando en los barrios y las parroquias, puestos y tenderetes para que la gente sencilla se lleve a su casa el milagro de la vida..
Esta labranza incansable ha sido premiada y reconocida de diferentes maneras. Forestadora Ad Honorem y ganadora del premio Sí a la Vida en 2012, otorgado por la Fundación Sí a la Vida, donde han mencionado su trabajo como un verdadero apostolado medioambiental, no solamente por la enérgica tarea de plantación sino por un incontestable camino de sensibilización y un despertar de conciencias que han llevado a muchas personas y colectivos a secundar y generar acciones de renovación y reconstrucción del planeta.

Ha sido además distinguida en el Congreso, recibiendo en el año 2017 el premio Gobernador Enrique Tomás Cresto, instituido por el Senado de la Nación, siendo especialmente valorados los talleres de reciclado destinados a personas de la tercera edad y adultos con discapacidad.
Sus semillas han salido de
tierras argentinas, cruzando mares y océanos, creando caminos de grama fresca en el aire hasta llegar a manos del Papa Francisco cuando se convirtió en el primer Pontífice Latinoamericano que ocupaba el Vaticano.

Son ya más de veinte años los que esta asombrosa mujer lleva impulsando y fecundando el ritmo redondo y sagrado de la madre tierra. Su ardua labor, silenciosa y desafiante de reputaciones, está colmada de resistencias pacíficas ante un sistema de consumo y producción que no permite la regeneración natural de la vida.

Mientras escribo su historia no puedo dejar de imaginar cómo será pasear entre ese tumulto vegetal y verde que ha creado, casi me parece oler las flores desde este lado del mundo, las frondosas enredaderas, el agua fresca, las abuelas sentadas a la sombra de los chopos, los pájaros anidando entre los curtidos tallos y la risa de los niños columpiándose en las infranqueables ramas de todos los fresnos que Aída ha venido plantando, con la lenta y valiente ternura de sus manos.

¡Comparte!